Mi vida sentimental era un caos constante por la falta de comunicación que tenía con mi esposa. Si ella cometía una imprudencia, callaba; si ella me ofendía, callaba; si le pedía de favor participación en asuntos de la casa y me ignoraba, callaba. Así fue durante tres años de matrimonio en los que iban creciendo el resentimiento y la falta de afecto hacia mi pareja. Las peleas eran frecuentes y por detalles absurdos, todo por no dialogar.
Un día, leyendo La Revista, encontré la respuesta que necesitaba. Un consejero matrimonial de El Especialista recomendaba lo importante que es la comunicación en una relación, porque esta se alimenta de las experiencias que vive en el día a día la pareja. Necesité ayuda primero yo y busqué a un psicólogo para superar mi aletargado silencio y pasividad que mantuve por tanto tiempo. Descubrí, con su ayuda, que mi conducta se debía a la falta de autoestima. Logré involucrar a mi esposa en terapias de pareja y con su participación llegué a interesarme más por las actividades que le gustaban a ella o por las cosas que le disgustaban de nuestro matrimonio. Ese acercamiento logró que ahora charlemos y seamos más amigos. Aprendimos que nuestra relación para que se sostenga debe tener comunicación.
José,
Cañar
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